Más de un mes bajo el agua: el sur santiagueño enfrenta su momento más crítico por los desbordes del río dulce
La región sur de Santiago del Estero atraviesa uno de los momentos más críticos de los últimos años a raíz de los desbordes del río Dulce y el avance sostenido de las aguas en distintos cursos y canales vinculados, afectando de manera directa a los departamentos Salavina, Atamisqui y Sumampa.

Más de un mes bajo el agua
Desde hace más de 30 días, numerosas localidades y parajes vienen soportando el impacto del desborde del río Dulce, con anegamientos progresivos, caminos intransitables y un deterioro constante de las condiciones de vida. Sin embargo, en las últimas horas la situación se agravó significativamente.
El aumento del caudal, producto de las erogaciones extraordinarias aguas arriba —que alcanzaron aproximadamente los 1800 metros cúbicos por segundo— comenzó a impactar con mayor intensidad en la zona, generando el ingreso masivo de agua en sectores que hasta ahora resistían.
El río Utis: el punto crítico
Uno de los focos más preocupantes es la cuenca del río Utis, donde finalmente comenzó a llegar el volumen de agua que desde hace días era esperado con preocupación por pobladores y autoridades.
Parajes como Monte Crecido y zonas cercanas a Domingo de Ramos ya registran un avance concreto del agua, incluso alcanzando sectores próximos a la traza de rutas, lo que complica aún más la conectividad y las tareas de asistencia.
La llegada de este caudal marca un punto de inflexión: lejos de estabilizarse, el escenario anticipa un empeoramiento en las próximas horas y días.

Evacuaciones y desesperación
Frente a este panorama, crece el número de familias autoevacuadas y evacuadas, muchas de las cuales debieron abandonar sus hogares ante el avance del agua. La situación es especialmente delicada en zonas rurales, donde el aislamiento agrava la emergencia.
El traslado de animales se ha convertido en una prioridad para los pobladores, que intentan resguardar su principal sustento económico en medio de condiciones adversas. En muchos casos, se registran pérdidas materiales importantes y viviendas completamente anegadas.

Impacto social y territorial
El fenómeno no solo afecta viviendas, sino también la estructura productiva y social de la región. Caminos cortados, falta de acceso a servicios básicos y la incertidumbre constante configuran un escenario de alta vulnerabilidad.
Las comunidades de Salavina, Atamisqui y Sumampa enfrentan así una crisis prolongada, que combina el desgaste de semanas de emergencia con un nuevo pico de creciente que amenaza con profundizar aún más los daños.
Perspectivas preocupantes
De acuerdo con los reportes locales, el ingreso de agua recién iniciado en sectores clave indica que el peor momento aún podría no haber llegado. La continuidad de altos niveles de erogación y la saturación del terreno dificultan cualquier rápida normalización.
Mientras tanto, pobladores y autoridades mantienen un monitoreo constante, en un contexto donde la prioridad es preservar vidas y minimizar pérdidas ante una situación que sigue en evolución.