Con 102 años, Luisa disfruta la vida rodeada del amor de su familia
En el interior del departamento Río Hondo, entre caminos tranquilos y paisajes que guardan historias de campo y tradiciones, vive una mujer que se ha convertido en un verdadero símbolo de vitalidad y amor familiar. María Luisa Vergara cumplió 102 años el pasado 27 de enero y sigue sorprendiendo a todos con su energía, su lucidez y su espíritu alegre.
Doña Luisa reside en el paraje Los Décima, en la entrada de Cañada de la Costa, a pocos kilómetros de la ciudad de Las Termas de Río Hondo. Allí pasa gran parte del año rodeada del cariño de su enorme familia, que creció a lo largo de más de un siglo de vida.
Su historia familiar es tan grande como admirable: tiene 12 hijos, 80 nietos, 136 bisnietos y 30 tataranietos, lo que suma 268 descendientes que la reconocen como la raíz de una extensa familia que se multiplica con cada generación.
A pesar de su edad, goza de buena salud. Solo toma una medicación para controlar la presión y algunos complejos vitamínicos. Camina sin bastón —aunque alguna vez le regalaron uno— porque, según dice con orgullo, “no lo necesita”.
Con una sonrisa pícara, cuenta parte de su secreto para mantenerse activa:
“Tengo 102 años y espero seguir cumpliendo los años que quiera mi Dios. Me casé a los 15 años, me cuido y me alimento bien… y también tomo una cervecita algunas veces”, comenta entre risas.
Su vida también tiene un capítulo junto al mar. Cada año, desde diciembre hasta fines de marzo, se instala en Mar del Plata, donde viven algunos de sus nietos y tataranietos. Allí disfruta del verano y del afecto de otra parte de su numerosa familia.
Para quienes la rodean, su presencia es un verdadero regalo. Susana Ávila, una de sus nietas que reside en la ciudad balnearia, asegura que compartir tiempo con ella es una bendición.
“Tenerla con vida a mi abuela es una bendición de Dios. Cuando estoy amasando empanadas me ayuda, lava los platos, ceba mates y hace unas tortillas riquísimas. Está muy lúcida, es mi compañera”, cuenta con emoción.
En su casa, las visitas nunca faltan. Hijos, nietos y bisnietos llegan todos los días para compartir un mate, escuchar sus historias o simplemente abrazarla.
“Agradezco a Dios que le dé vida y que la podamos tener con nosotros”, dice Susana, reflejando el sentimiento de toda la familia.
Con más de un siglo de vida, doña Luisa es mucho más que la abuela de una familia numerosa: es un ejemplo de fortaleza, alegría y amor. En el corazón del departamento Río Hondo, su historia demuestra que la verdadera riqueza está en los vínculos, en la memoria compartida y en el cariño que atraviesa generaciones.