Frías y la campaña del miedo: denuncian controles sobre empleados municipales y hasta sobre las redes de sus familias
En plena campaña electoral, crece en Frías un clima de preocupación por versiones y testimonios que señalan presuntas prácticas de vigilancia política sobre trabajadores municipales. La asistencia a actos, los comentarios en redes sociales y hasta las publicaciones de familiares e hijos estarían bajo observación. Una metodología que, de comprobarse, representa la peor cara de una vieja política basada en el miedo, la presión y el disciplinamiento.
A pocos días de una elección clave para el futuro de la ciudad de Frías, la campaña política parece ingresar en un terreno preocupante. En distintos ámbitos municipales y sociales comenzaron a circular testimonios sobre un presunto control político hacia empleados de la comuna, especialmente respecto de su participación en actos de otros espacios, sus expresiones públicas y su actividad en las redes sociales.
Según las versiones recogidas, la mirada no estaría puesta solamente sobre los propios trabajadores municipales. También existiría preocupación por el seguimiento de comentarios, publicaciones, fotografías o expresiones políticas realizadas por integrantes de sus familias e incluso por sus hijos.
La sola existencia de este clima de temor merece una profunda reflexión.
¿Puede un trabajador municipal expresarse políticamente con libertad? ¿Puede asistir a un acto de otro candidato sin miedo a sufrir consecuencias laborales? ¿Puede colocar un “me gusta”, compartir una publicación o realizar un comentario sin sentir que alguien está tomando nota? ¿Debe una familia entera cuidar lo que publica por temor a perjudicar el trabajo de uno de sus integrantes?
En una democracia del siglo XXI, estas preguntas no deberían existir.
Sin embargo, Frías vuelve a quedar atravesada por una problemática asociada a las prácticas más antiguas de la política: el miedo como herramienta de control. Una lógica que convierte al empleo público en una posible herramienta de disciplinamiento y que pretende instalar la idea de que pensar diferente puede tener consecuencias.
Las críticas apuntan políticamente a la gestión del intendente Humberto Salim, quien conduce desde hace años los destinos municipales. Corresponde señalar que las situaciones denunciadas deben ser comprobadas y que quienes sean señalados tienen derecho a brindar su versión. Pero también resulta necesario advertir que, cuando numerosos trabajadores sienten que deben callarse, esconder sus preferencias o controlar hasta lo que publican sus familiares, existe un problema político y social que no puede ser ignorado.
El trabajador municipal no pertenece a ningún partido
Un empleado municipal trabaja para la ciudad de Frías y para toda su comunidad. No es propiedad de un intendente, de un candidato ni de una estructura partidaria.
Su salario no es un favor político. Su puesto de trabajo no debería depender de una fotografía, de una publicación en Facebook, de un comentario, de un “me gusta” o de la presencia de un familiar en una reunión política.
La democracia exige comprender algo elemental: una persona puede trabajar para el Estado y votar a quien quiera. Puede acompañar al oficialismo, a la oposición o no acompañar a ninguno. Puede expresarse públicamente dentro del marco de la ley y también puede decidir guardar silencio.
Lo que no debería ocurrir es que el miedo condicione esa decisión.
Mucho menos resulta aceptable que las familias sean arrastradas a ese clima. Los hijos de los trabajadores municipales tienen derecho a construir sus propias opiniones, participar de la vida pública y expresarse libremente sin sentir que sus palabras podrían perjudicar laboralmente a sus padres.
Una vieja política que Frías necesita superar
La política basada en el control, la vigilancia informal, el rumor, la amenaza velada y el miedo a perder el trabajo pertenece a otra época. Puede haber funcionado durante décadas en muchas ciudades del interior argentino, donde la dependencia laboral respecto del Estado generó relaciones de poder profundamente desiguales.
Pero los tiempos cambiaron.
Hoy las sociedades reclaman libertad, transparencia y respeto. Los ciudadanos ya no aceptan con la misma naturalidad que se les indique dónde deben estar, a quién deben apoyar, qué pueden publicar o con quién pueden fotografiarse.
Si en Frías existe una campaña del miedo, debe ser denunciada públicamente. Si existen listas, controles, capturas de pantalla o presiones sobre trabajadores, quienes tengan pruebas deben recurrir a las vías institucionales correspondientes. Y si estas versiones son falsas, las autoridades municipales tienen también la responsabilidad de garantizar públicamente que ningún empleado sufrirá represalias por sus ideas políticas ni por las expresiones legítimas de sus familiares.
Ese compromiso debería ser sencillo de asumir.
El voto es secreto y la libertad no se negocia
Frías se encuentra ante una elección importante. Pero ninguna elección puede desarrollarse plenamente si una parte de la comunidad siente miedo de expresarse.
Nadie debería tener miedo por pensar distinto. Nadie debería perder un beneficio por asistir a una reunión. Nadie debería temer por su trabajo por apoyar a otro candidato. Ninguna familia debería sentirse vigilada por lo que publica en sus redes sociales.
La ciudad necesita superar definitivamente estas prácticas.
Por eso, el mensaje debe ser claro para toda la comunidad: exprésese con libertad, participe con libertad y vote con libertad. No permita que el miedo decida por usted.
Los gobiernos pasan. Los intendentes pasan. Los partidos políticos atraviesan victorias y derrotas. Pero los derechos ciudadanos deben permanecer.
Frías no puede seguir siendo presentada como un ejemplo de las prácticas de una vieja política de presión y sometimiento. La ciudad necesita abrir una nueva etapa donde nadie tenga que bajar la voz para conservar su trabajo y donde pensar diferente deje de ser visto como una amenaza.
La democracia no consiste solamente en colocar un voto dentro de una urna. También significa poder llegar a esa urna sin miedo.