Más de $286 millones en premios y la pasión del fútbol amateur: Pinto cerró un Mundial de Potreros histórico
Durante tres días, la ciudad santiagueña se convirtió en el epicentro del fútbol amateur argentino. Equipos de distintos puntos del país protagonizaron una verdadera maratón deportiva, con premios millonarios, emoción y una tradición que sigue creciendo. “Los Compás de G. Catán” se consagraron campeones de la edición 2026.
El fútbol amateur argentino volvió a vivir una de sus fiestas más convocantes en el interior de Santiago del Estero. La ciudad de Pinto fue escenario de una nueva edición del Mundial de Potreros, el tradicional campeonato relámpago que finalizó este lunes 12 de octubre, después de tres jornadas de intensa competencia y con una bolsa de premios anunciada de más de 286 millones de pesos.
La cifra refleja la magnitud que alcanzó un torneo que nació como una celebración deportiva local y que, con el paso de los años, se transformó en una referencia nacional para los amantes del fútbol de barrio.
Pero detrás de los premios millonarios existe algo todavía más importante: cientos de jugadores amateurs que llegan desde diferentes provincias con una misma ilusión, competir, representar a sus equipos y alcanzar la gloria en uno de los campeonatos más particulares del país.

Premios millonarios para los protagonistas del fútbol de potrero
Uno de los grandes atractivos de la edición 2026 fue la importante recompensa económica destinada a los participantes que lograran avanzar hasta las instancias decisivas.
La organización del Club Social Pinto anunció más de $286 millones en premios, con reconocimientos para los ganadores de las diferentes zonas y para los equipos que alcanzaran las principales posiciones.
Se trata de una cifra extraordinaria para una competencia de carácter amateur, donde muchos futbolistas combinan su pasión deportiva con sus trabajos, estudios y responsabilidades cotidianas.
A diferencia de los grandes campeonatos profesionales, en el Mundial de Potreros los protagonistas son jugadores que defienden camisetas de equipos barriales, conjuntos de amigos y representativos de distintas localidades.
La posibilidad de acceder a premios económicos de semejante magnitud constituye un incentivo adicional, aunque el prestigio de consagrarse campeón sigue ocupando un lugar especial.
“Los Compás de G. Catán”, los grandes campeones de 2026
Después de tres días de partidos, definiciones y emociones, “Los Compás de G. Catán” lograron quedarse con el título de campeones, coronando su participación en una competencia donde cada encuentro representaba una verdadera final.
El subcampeonato fue para Unión de Ulluas, mientras que Los 14 de las Torres finalizaron en el tercer puesto y La Sub 21 ocuparon la cuarta posición.
Los cuatro equipos fueron protagonistas de las instancias decisivas de un certamen caracterizado por la intensidad, la exigencia física y el carácter eliminatorio de sus encuentros.
En el Mundial de Potreros no hay margen para especular: el que gana continúa y el que pierde se despide. Esa modalidad convierte cada partido en un desafío y mantiene la emoción desde el comienzo hasta la última definición.
El fútbol amateur, una pasión que no conoce fronteras
El Mundial de Potreros representa una de las expresiones más auténticas del deporte argentino.
Aquí no predominan los contratos profesionales ni las grandes estructuras comerciales. El protagonismo pertenece a los equipos que nacen en los barrios, a los jugadores que entrenan después de trabajar y a los grupos de amigos que se organizan durante meses para viajar y participar.
La historia del certamen también está vinculada con la tradición futbolera que supo tener como protagonista a Diego Armando Maradona, símbolo indiscutido del talento surgido de los potreros argentinos.
Es justamente esa identidad la que convierte al campeonato de Pinto en un acontecimiento diferente.
Durante tres jornadas, jugadores de distintas generaciones compartieron canchas, experiencias y una misma pasión. Cada gol, cada atajada y cada definición por penales alimentaron una fiesta deportiva que ya forma parte de la cultura popular del interior santiagueño.
Un campeonato relámpago que moviliza a toda una ciudad
La edición 2026 se desarrolló en el marco del 112° aniversario del Club Social Pinto, institución fundada el 12 de octubre de 1914.
En la previa, la organización había estimado una convocatoria cercana a los 200 equipos, luego de que la edición anterior reuniera a 192 delegaciones.
Los encuentros se disputaron en cuatro canchas simultáneamente, con partidos de dos tiempos de 20 minutos y definiciones por penales cuando el marcador terminaba igualado.
Este formato permite desarrollar una gran cantidad de encuentros durante un fin de semana y convierte a Pinto en una ciudad donde el fútbol prácticamente no se detiene.
La llegada de delegaciones también genera movimiento en comercios, servicios gastronómicos y otros sectores vinculados con la actividad local, además de favorecer el reencuentro de familias y amigos.
El presidente interventor del Club Social Pinto, Ángel Álvarez, destacó que la competencia trasciende lo estrictamente deportivo y se ha convertido en un acontecimiento social y cultural que une a los pinteños.
Un homenaje que quedará en la historia del club
El campeonato llevó el nombre de “José Natalio Ibarra Gallo”, en reconocimiento al exinterventor de la institución, fallecido recientemente.
El homenaje formó parte de una edición especialmente significativa, desarrollada en coincidencia con un nuevo aniversario de la entidad.
Nacido originalmente como el torneo relámpago del 12 de Octubre, el certamen fue creciendo con la llegada de equipos de Santiago del Estero, Buenos Aires, Córdoba y otras provincias, hasta consolidarse bajo la denominación de Mundial de Potreros.
Hoy representa uno de los acontecimientos deportivos más emblemáticos de Pinto y una tradición que continúa renovándose.
Pinto demostró que el fútbol amateur también puede jugar en las grandes ligas
La edición 2026 dejó una imagen contundente: una ciudad del interior santiagueño puede organizar un acontecimiento deportivo de enorme convocatoria, con premios millonarios y equipos provenientes de diferentes regiones del país, sin perder la esencia del fútbol popular.
Los más de 286 millones de pesos anunciados en premios muestran el crecimiento económico de la competencia, pero su verdadero valor está en las historias de quienes participan.
En los futbolistas que recorren cientos de kilómetros para disputar un partido, en los compañeros que defienden juntos una camiseta y en las familias que acompañan desde el costado de la cancha.
El Mundial de Potreros volvió a demostrar que el fútbol amateur argentino tiene una fuerza extraordinaria, capaz de movilizar comunidades enteras y transformar un campeonato de tres días en una auténtica celebración nacional.
Pinto despidió otra edición con nuevos campeones, premios millonarios y una certeza: mientras exista una pelota y un grupo de amigos dispuesto a perseguir un sueño, el fútbol de potrero seguirá escribiendo su propia historia.