Frias y Añatuya: Dos modelos de peronismo frente a la misma crisis, el debate entre la asistencia social y el cemento
Mientras Castro postula un modelo enfocado en la justicia social, la contención alimentaria y la dignidad de las familias, Salim ha optado por priorizar la gran obra urbana e infraestructura a costa del endeudamiento público, desatendiendo —según denuncian diversos sectores— las urgencias cotidianas del pueblo.
Castro en Añatuya: “Primero hay que llenar el estómago de la gente”
Durante un masivo acto de campaña, el intendente de Añatuya, Julio Ernesto Castro, dejó una definición política categórica al trazar los límites de las prioridades gubernamentales en tiempos de crisis. Lejos de priorizar únicamente la estética urbana, el jefe comunal sostuvo que la función principal de un gobierno popular es garantizar los derechos básicos y la asistencia alimentaria.
“Quizás demoremos un poquito porque hay otras prioridades, porque hay otras necesidades. La gente necesita comer, necesita vestirse y nosotros tenemos que ayudarla”, expresó Castro ante vecinos y militantes.
En un gesto de transversalidad política y doctrinaria, Castro apeló a las raíces de la democracia y del movimiento justicialista, reivindicando tanto al expresidente radical Raúl Alfonsín como a los tres pilares históricos de Juan Domingo Perón:
- La justicia social, la soberanía política y la independencia económica como ejes rectores de la gestión.
- La vigencia de la premisa de que «con la democracia se come, se educa y se cura».
El momento de mayor impacto ideológico llegó cuando el intendente contrastó la reparación material de la ciudad con las heridas sociales profundas, dejando una frase que sintetiza su plataforma:
“Después que digan que hay un bache roto o una calle rota. Ese bache se arregla con ripio o con un poco de cemento. Pero el bache que le están dejando en el estómago, en la salud y en el cerebro a cada uno de ustedes, ese bache no tiene solución”.
Asimismo, Castro defendió un modelo de administración con equilibrio fiscal y recursos propios, desafiando a la oposición a explicar cómo sostendrán la salud y la educación ante la crisis nacional.
Dos modelos antagonicos: la contracara en Frías
La postura de Añatuya abre un inevitable e implícito contraste con lo ocurrido en la vecina ciudad de Frías, gobernada por el también peronismo de Humberto Salim, quien busca su reelección bajo un paradigma radicalmente opuesto.
Mientras Castro define el verdadero «bache» en el estómago de quienes no llegan a fin de mes, la gestión de Salim ha optado por concentrar los esfuerzos institucionales y financieros en grandes obras de infraestructura faraónicas —como la construcción de un nuevo estadio cubierto— concebidas como herramientas de transformación y marketing urbano.
Sin embargo, este enfoque ha desatado fuertes cuestionamientos por parte de vecinos, organizaciones sociales y sectores políticos locales. Las críticas apuntan a que el modelo de Salim incurre en:
- Prioridades trastocadas: Inversiones millonarias en cemento y estructuras suntuosas mientras vastos sectores de la comunidad sufren las consecuencias del desempleo, la falta de desarrollo productivo y la pobreza alimentaria.
- Cargas financieras: Un presunto endeudamiento público orientado a realzar la imagen personal del intendente a costa de descuidar los servicios esenciales de los barrios.
- Desconexión con el sufrimiento social: Una respuesta inoportuna frente a una crisis económica generalizada donde la urgencia no es el ocio o el espectáculo, sino la supervivencia diaria.
Hacia una definición de fondo
La contienda del próximo 2 de agosto no se dirime meramente en torno a la ejecución de obras públicas o al bacheo de calles. El trasfondo de la disputa interpela directamente al rol del Estado municipal: ¿debe priorizarse el hormigón y el impacto visual de las grandes construcciones o debe garantizarse primero la mesa familiar, la salud y la asistencia integral de los sectores vulnerados?
Para los vecinos de Añatuya y Frías, la elección representa una encrucijada entre dos formas de entender la política y la lealtad con las bases populares: una que interpreta el Estado como un escudo protector frente al hambre y la crisis, y otra que corre el riesgo de transformar el progreso en un espejismo de cemento desconectado del dolor de su pueblo.