Frías explotó de pasión: una de las ciudades más eufóricas del país celebró la clasificación de la Selección Argentina
Frías volvió a demostrar por qué respira fútbol como pocas ciudades del interior argentino. Apenas el árbitro marcó el final del partido, miles de vecinos salieron de sus casas para protagonizar un festejo inolvidable, convirtiendo a la ciudad en uno de los escenarios de mayor euforia y pasión por la Selección Argentina.

Los abrazos en familia ya no alcanzaban. Tampoco los gritos frente al televisor. La emoción era demasiado grande y había que compartirla en las calles. El punto de encuentro fue, una vez más, el Monumento a la Bandera, donde una verdadera multitud se congregó para celebrar un nuevo paso de la Albiceleste en el Mundial.
Allí, bajo la inmensa bandera argentina que flamea a más de 40 metros de altura, amigos, familias, niños y adultos se fundieron en interminables abrazos, cantos y lágrimas de alegría, en una postal que reflejó el sentimiento de todo un pueblo que vive el fútbol con una intensidad única.
Caravanas de motos, automóviles, camionetas y bicicletas recorrieron las principales avenidas haciendo sonar bocinas, desplegando banderas celestes y blancas y entonando las tradicionales canciones mundialistas. La ciudad se transformó en una verdadera fiesta popular que se extendió hasta altas horas de la noche.
Como ocurrió en distintos puntos del país, Frías salió a celebrar. Pero lo hizo con un fervor especial, reafirmando su identidad de ciudad futbolera y apasionada, donde cada partido de la Selección se vive como propio y cada triunfo une a toda la comunidad detrás de un mismo sueño.
Una vez más, Frías fue un océano celeste y blanco. Una ciudad que gritó, cantó, se emocionó y volvió a demostrar que, cuando juega la Argentina, el corazón friense late con una fuerza difícil de igualar.